Conociendo Natal
Compartimos un trabajo realizado por Philipe Brandão, estudiante de BAbel, oriundo de Natal, Brasil, durante su estadía en Buenos Aires. Nos propone un recorrido por su ciudad.
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Martes visuales
Por Alicia de Arteaga - Tomado de La Nación
Si algo faltaba para consolidar la agenda cultural de Buenos Aires es la decisión de la Unesco de hacer de nuestra ciudad la Capital Mundial del Libro entre abril de 2011 y abril de 2012. Mientras dure el privilegio de esta altísima visibilidad, la producción literaria en todos sus formatos tendrá un espacio en las bateas del planeta.
La primera escala, que anticipa un año impar para los libros, será en París el próximo 18 de marzo, cuando Buenos Aires asista como invitada de honor al prestigioso Salón del Libro. El acuerdo fue sellado por el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, la directora literaria de Culturesfrance, Judit Roze, y el director ejecutivo del Salón del Libro de París, Bertrand Morisset.
Como no podía ser de otra manera, Lombardi ha elegido abrir el Salón con una gran milonga. Una forma de estar a tono con los laureles tangueros que exhibe Buenos Aires en el mundo.
Tan cerca como está la feria de Fráncfort, y la tendencia a comparar los gastos entre la Nación y la Ciudad a propósito del cachet de los artistas, ésta será una oportunidad para medir -salvando las distancias- cuánto cuesta participar (como invitado) de una feria y de un salón internacional. El Salón de París abarca todos los géneros, aunque este año el acento estará puesto en el relato policial, la novela fantástica y la novela de suspenso. En un espacio de 100 metros cuadrados, Buenos Aires exhibirá más de 5000 títulos en español y en francés. Está prevista una ronda de encuentros con los popes del mundo editorial y cadenas de librerías parisinas, lo cual supone una posible expansión del mercado.
Como Capital Mundial del Libro, Buenos Aires desarrollará una programación de arte y espectáculos. Pero, por encima de todo, será una celebración de la palabra y un reconocimiento a una ciudad "de libros"; condición que siempre fascinó a visitantes ilustres, como el crítico Juan Manuel Bonet, ex director del Reina Sofía de Madrid, borgeano de ley, que lo primero que hace cuando pisa Buenos Aires es instalarse en las librerías de viejo de la avenida Corrientes, en busca de perlas y primeras ediciones.
El año impar del libro se completará con un acuerdo inédito entre el Ministerio de Cultura porteño y el de la Ville de París para producir "Tándem": una plataforma de actividades cruzadas con espectáculos de danza, música, circo y muestras de pintura, fotografía y video, entre otras.
En el otoño porteño vendrán los franceses y en el otoño parisino, cuando los castaños se tiñan de amarillo, los artistas argentinos volarán a París.
Arte: Muestra de Magalí Milkis

Magalí Milkis invita a la muestra de su obra.
Solicitar horario de visita por teléfono al 095118057 o via mail a magalimilkis@hotmail.com
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Gran banquete en Israel
Autor de teatro, adaptador y compositor. Nos alojábamos en la ciudad de Tel Aviv y mi primo pasó por el hotel a las nueve de la mañana para ir a visitar la catedral de Nazareth. La noche anterior, 24 diciembre, yo había consumido arenques, salmón, quesos, huevos duros, rabanitos, ensaladas, tortas. Más el café de la mañana. Toda una experiencia. A mitad del viaje Alex, mi primo, paró en un kibbutz que criaba cerdos (allí los llaman cebras, por motivos religiosos). Una baguette gigante y medio kilo de jamón crudo, constituyeron nuestra merienda de media mañana. Ya en la catedral, picoteamos pistachos y dátiles mientras admirábamos los frescos pintados por famosos artistas de todo el mundo. A la salida sentimos una puntadita de hambre. Así que paramos en “Diana”, el gran restaurante de Nazareth. Comenzamos con falafel de habas, humus con tehina, caviar de berenjenas, aceitunas negras con ajo, labne ácido y fresco con fenogreco y otras cosillas. Después, dos fuentes repletas de costillitas de cordero, jugosas y rosadas, apenas condimentadas con romero, y kebabs también de cordero con tomates asados. Mientras comíamos, mi prima nos llamó al teléfono celular para que no nos olvidáramos de comprar dulces, ya que esa noche habría invitados. La confitería tenía toda clase de sueños orientales: baklavá, greibe, maamul y otras delicias hechas de masa filo, almendras, agua de azahar y de rosas. Mientras nos hacíamos preparar una bandeja de dos kilos, una amable señora nos iba dando masas para probar. Y probábamos. Un tanto satisfechos emprendimos el regreso. Pero bajando una colina, mi primo decidió estacionar junto a un puestito improvisado que había allá, atendido por un druso de edad incierta, descalzo y vestido con un traje que alguna vez había sido planchado y una camisa blanca que también alguna vez había sido lavada. –Alex, creo que ya comimos bastante–, le dije. Ignoró mis palabras. Sobre tablones cortados a pura hacha, el druso exponía botellas de aceite de oliva hecho con las aceitunas de esos olivos silvestres que él mismo cosechaba, queso de oveja, panes iraquíes y zaatar seco, el hisopo bíblico que crecía salvaje ahí nomás. El viejo limpió con su camisa dos vasos inmundos y nos convidó con un delicioso té de misteriosas hierbas. Alex le murmuró algo. Entonces, el hombre untó queso blanco de oveja rociado con ese aceite rancio en un pan chato, lo espolvoreó con zaatar y, mal doblado en tres, lo puso a calentar sobre el saj, ese horno típico que parece un wok invertido. Y cortando ese pan con un cuchillito oxidado, envolvió cada una de las mitades en un pedazo de papel higiénico de un rollo que tenía ahí y nos lo ofreció con gesto de príncipe. La combinación de ese requesón de gusto fuerte a oveja con el aceite atrojado y el zatar era la perfección. Nunca había probado algo tan extraordinariamente equilibrado entre texturas, temperaturas y gustos. Y yo, que me ufanaba de haber comido en muchos de los mejores restaurantes del mundo, allá, en medio de esos bosques, con la panza llena y a punto de reventar, degusté el mejor plato de mi vida, el plato inolvidable entre los platos. Y, por algo, esa es tierra de milagros.
Tomado de Clarín: 07/11/2010
BAbel: Todas as culturas se encontram em Buenos Aires
Daniela, a diretora da escola, ofereceu-me um curso de Literatura e Cultura argentina. Como eu ficaria pouco tempo em Buenos Aires, fiz em uma semana o curso intensivo, totalizando dez horas, cinco com Daniela e cinco com Leandro. Os dois são excelentes professores, muito amáveis e dedicados, o que me propiciou excelentes momentos de aprendizagem e reflexões sobre grandes autores e ideólogos argentinos, possibilitando, inclusive, realizar comparações com a literatura e cultura brasileiras, das quais me ocupo como professor-doutor na Universidade Federal do Pará.
Dr. Fernando de Moraes Gebra

BABEL: TODAS LAS CULTURAS SE ENCUENTRAN EN BUENOS AIRES
Fui invitado a dar una conferencia sobre Mário de Andrade en el I Seminario Lusófono, promovido por la Cátedra de Estudios Brasileños de la Universidad de Buenos Aires. Como quería aprovechar mi segundo viaje a Buenos Aires, que yo acostumbro llamar mi segunda casa, decidí buscar una escuela para profundizar mis conocimientos de Lengua, Literatura y Cultura Hispánicas. En consultas por Internet, entré en el sitio de la escuela BAbel y decidí enviar un e-mail para saber sobre los cursos. Desde el primer contacto, fui muy bien atendido, lo que ya garantiza la calidad de cualquier escuela.
Dr. Fernando de Moraes Gebra
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Babel Online
Compartimos un ejercicio realizado por Netty, holandesa, residente en Inglaterra, estudiante de nuestro curso de español por Internet.
Tarea - 21 de septiembre de 2009
Pavlova
Para el merengue.
- 3 clara de huevo (huevos grandes)
- 250 grs. azúcar en polvo
- 5 ml arome de vanilla 5ml = 1 cucharadita
- 5 ml maicena
- 5 ml vinagre de vino blanco
Dibuja un círculo de 23cm sobre papel antiadherente
Métalo en una charola para hornear.
Bata las clara a punto muy rígida.
Poco a poca añada al azúcar. Bate hasta que forme picos duros.
Añada la maicena, vinagre y esencia de vanilla.
Unte la mezcla de merengue sobre el círculo.
Hornee a 140 grados C durante una hora hasta que este firme.
Deje enfriar, pele el papel.
Rellene con crema y fruta, por ejemplo fresas y frambuesas.
Pavlova: Es un postre lleva el nombre del bailarín de ballet , Anna Pavlova . Supuestamente, un chef en un hotel en Wellington, Nueva Zelanda, llamado el plato después de ella cuando visitó en 1926.
Receta para una torta de chocolate
- Bata la manteca con 50 grs. de azúcar.Añada la mitad del chocolate fundido, la harina, las yemas, las almendras, los bizcochos desmenuzados y las claras a punto de nieve y mezcladas con el resto de azúcar.
- Desmolde y cúbrala con el resto de chocolate fundido a baño maria con 3 cucharadas de agua.
- Vierta la masa en un molde de bizcocho enharinado y déjela a horno mediano (unos 45 minutos).
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